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Monday, July 23, 2012

Voices


The title for the blog entry today will be one that will recur many times in the coming weeks and months. I have asked many people, from all walks of life, to contribute their voices to this blog. I realize that my voice is not enough to do what I what I hope this blog will do--to be a forum on a wide range of topics related to education and to admission. And to change lives and policies that effect all of us.

Some of these voices will speak directly to you. And by "you" I mean each of you as individuals, not as a collective group. Great writing is a powerful weapon. It has started wars and ended them. War and peace are never ended by a bullet or a bomb, but by people talking, face to face, or through emissaries.

Now in an electronic age some of us will be talking virtually. Yesterday I was Skyping simultaneously with a student who lives in London, and his father in a country most people know nothing about, I am sad to say (I am committed to keeping privacy with people I work with so I cannot be more specific). And yet we laughed about terrible drivers in each of our lands, and discussed football (not American), the Olympic events they will be attending, and yes, the SATs. This is the way the world works now. And we are lucky to be living in such a time.

What follows is some of the best advice I have ever seen a former student give to parents. David, the author graduated from his University with many options and plans. But he chose a path few of us will ever take. He is working in Haiti to save lives. He had options that could have brought him significant income, but his education in the US persuaded him he has a calling more important than cash and security. Few of us would make this choice. I already knew he was one of the coolest people (not just students) I have ever met ( I say this to people all the time; tonight, at dinner,  it was a group a group of students from China and Singapore). He also has one of the biggest hearts.

What follows is his voice going out to parents.about how to help their children when  they go off to university in the US. As you will read, it is in Spanish. This is his voice and his native language. His English is better than mine, but I think it is important for us to show the value of different languages and voices. So his advice may not speak to you right now. But it should. People who have read this piece have ended in tears. It is a moving story. If Spanish is not your tongue, find someone who can help. Reach out. Communicate. Ask them to translate. You will not be disappointed. Words are  not always about wars; they also begin lifelong friendships. If you reach out and connect with someone from another language and culture, I,  at least ,have always found people willing to help. It is another reason I have the best job in the world.
 
El Secreto de la Mesa:  La Clave para la Felicidad y Seguridad en la Universidad
A un mes de empezar mi primer trabajo en las Naciones Unidas en Haití, me han pedido escribir sobre mis experiencias en la Universidad de Virginia cuando fui un estudiante latino internacional.   El escribir sobre mis experiencias se me hace especial, hoy mismo, porque el ejercicio de transportarme atrás en el tiempo me hiso recordar que la misma mesa en la que estoy escribiendo estas notas, es la mesa que me acompañó por los últimos 3 años en la universidad.  Es la mesa testigo de docenas de ensayos escritos, cientos de deberes completos, y miles de páginas leídas. 
Cuando me transporto a mi primer año, cuando uno llega a la universidad con los padres para Orientation, me acuerdo del interesante sentimiento tanto de ansia -  al imaginarse que uno va a pasar 4 años de su vida en este lugar -  como de emoción,  por imaginarse las aventuras que estos 4 años acompañan.  Uno se siente grande, independiente y maduro, y uno quiere ser visto así también por lo que uno está rodeado de otros chicos en la misma posición de uno – sintiéndose grandes, independientes, y maduros.  Lo interesante es que esos primeros días, al caminar por dorms, por  campus o por el Corner, afuera de estos sentimiento de uno, están los padres.  En esos momentos, ellos son la representación de que todavía no somos ‘grandes’ – porque nos compran los útiles, la mochila, o los electrodomésticos -  De que no somos independientes – porque insisten acompañarnos a todo lado – y de que no somos maduros – porque nos repiten día a día que tenemos que tener buenas notas.   En esa etapa, pensé que mi manera de vindicar esos sentimientos fue de demostrar a mis padres que sí puedo, de que por más de que siempre van a estar ahí por mí, yo puedo por mi cuenta. 
Empecé a estudiar finanzas y economía preparándome para la escuela de negocios ya que eso era lo que mi papá hacía, y por su constante apoyo en esa área,  lo que más seguridad me daba.  Por más de que me decían que puedo estudiar lo que quería,  me recomendaban clases basando sus recomendaciones con el argumento de lo tanto que me conocían y el potencial de estabilidad que sus recomendaciones me brindarían. Entraba a mis clases de finanzas emocionado de poder descubrir ese mundo que tanto me definía.  Al mismo tiempo, había escogido otras clases (Los Electives).  Interesantemente, cuando uno pregunta a alguien que son los electives, a uno siempre le responden: son las clases que te interesen, las que puedes tomar, aparte de las que tienes que tomar.  Yo me leí todas las clases ofrecidas en UVA, y fui por las que más me interesaban, las que más me llamaban la atención.  Escogí las que sentía, no las que pensaba.  Durante 3 semestres de hacer esto, es decir, de mezclar las clases que tenía tomar con las que quería tomar, siempre terminaba con A en todas las clases que quería tomar (Religión: Budismo Tibetano, Antropología: Globalización y Desarrollo, Historia del Arte: Arte del Sudeste Asiático, Lengua: Mandarín, Música:  Conjunto de Música y Bailes de África, Historia: Historia de Genocidios, Inglés: Literatura de India) y B y C en todas las que tenía que tomar (Contabilidad: Contabilidad I y Contabilidad Administrativa, Economía: Macro y Micro, Matemáticas: Cálculo Avanzado y Estadística, y una clase de Comercio para estudiantes ‘diversos’ o de ‘minorías’ ej. Latinos, Asiáticos y Afro Americanos). Cuando veía la diferencia de notas entre los dos tipos de clases (las que tenia que tomar y las que quería tomar) me daba cuenta que algo andaba mal.  Los resultados demostraban algo totalmente opuesto a lo que yo creía.  En mi tercer semestre me pregunte: Será que estoy tomando la decisión correcta respecto a mis clases y a mi futuro? Estoy generando seguridad en mi vida? Porque no estoy  verdaderamente feliz?  Sentí que tenía que estudiar un semestre en otro país, lejos de mis amigos, de toda esa confusión, para así poder encontrar las respuestas a mis preguntas.  Me fui por seis meses de intercambio a Sciences-Po París, una de las universidades más prestigiosas en Europa para estudios de Política.  Al solo estudiar política, con estudiantes apasionados en el tema, que ellos aparte del profesor, son los que te cuestionan, y por ende, también los que enseñan, pude encontrar la respuesta.   La manera que pude entender que exactamente andaba mal, fue cuando me di cuenta que el problema era en el que yo creía que las clases que tenia que tomar, eran las que quería tomar.  Ahí supe, que no era así.  Que la realidad era lo opuesto -  que las que quería tomar, eran las que tenía que tomar.  En Science - Po brillé en mis clases, saqué las mejores notas, me motivaba a escribir los ensayos, a leer cada letra de las docenas de libros, a argumentar, a discutir, y más que todo, a aprender.  Descubrí, que la clave del aprendizaje está en el gusto.   Y fue esa realización que me hiso entender que es la felicidad: la capacidad de poder ejercer, sin tener ningún tipo de obstáculo, ese gusto que viene de lo más profundo y puro de nuestros sentimientos.  El nivel más alto del gusto, es la felicidad. 
Al regresar a UVA,  a esta misma mesa, decidí dejar de ‘estudiar’ negocios y más bien ‘aprender’ política, antropología, y estudios del este asiático.  Empecé diciendo que esta mesa fue testigo de docenas de ensayos escritos, cientos de deberes completos, y miles de páginas leídas.  Ahora termino diciendo que fue, primordialmente , testigo de mi verdadero engrandecimiento, independencia y madurez.   Me vio feliz, por empezar a sentir lo que significa para otros el tener que estudiar y trabajar al mismo tiempo para pagarse sus gastos, al tomar la decisión de trabajar como bibliotecario; Me vio feliz, por saber que estoy haciendo una diferencia para estudiantes al nivel mundial por llegar a publicar un ensayo sobre política de reforma universitaria en un Journal Americano de Política; me vio feliz, por esos infinitos viajes intelectuales a mundos fascinantes de temas que nunca antes conocía.  Me vio feliz, por la cantidad de fiestas, de noches de locura, de experiencias entre amigos totalmente únicas, por la cantidad de resacas, gomas, chuchaqui o como ustedes lo digan.   Es solo ahora, que regreso a esta mesa, que me doy cuenta que esta mesa representa la esencia de la Universidad:  Un ambiente totalmente libre para que el estudiante pueda descubrir y perseguir lo que le gusta.  Mientras haya un genuino gusto en todo lo que se hace, uno siempre estará feliz.  Esa libertad para encontrar felicidad a través del gusto, en mi caso, fue tomada por mi, más no fue dada.  Aprendí que para padres es difícil dar esa libertad porque nosotros, los hijos, nunca vamos a ser grandes para ellos -  en sus ojos siempre seremos sus hijos, chiquitos. Nunca seremos independientes - porque en sus ojos siempre van a estar ahí para nosotros.  Y en sus ojos tampoco seremos maduros, porque hasta los padres  terminan guardando algo de niños.  Esa libertad que tomé, me hiso genuinamente feliz, y es esa felicidad, me que dio la verdadera seguridad.  Es esa felicidad y seguridad lo más preciado que un padre puede ver y sentir en su hijo.  A ustedes padres, para generar esa misma felicidad y seguridad, no se olviden que al acompañar a su hijo en los momentos que la universidad empieza, lo más importante es dejarles solo una cosa: la mesa.  

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